Una promesa de conectividad regional

Hace un par de días, el Consejo Regional aprobó más de $9.000 millones para dar plena cobertura, a través de fibra óptica, a las 30 comunas de la Región del Maule. Esta no es cualquier promesa, quiero citarla para ser preciso ante lo histórico de la oferta: “Maule será la primera región en tener fibra óptica en todas sus comunas” en Chile, nos dicen. Guarde la promesa. Enhorabuena si se logra el cumplimiento de ella, entendiendo que se circunscribe a un proyecto mayor llamado Fibra Óptica Nacional (FON) y que según estimaciones de la ministra Hutt, sería entregado antes de finalizar este periodo presidencial. Se subdividió al territorio nacional en 6 macrozonas, tocándonos la Macrozona Centro que incluye a la Región del Maule y la de O’Higgins. Se realizó la licitación y adjudicación que asignó el proyecto a WOM. Ese es el marco nacional del proyecto impulsado, llamado Fibra Óptica Regional (FOR).

Aún cuando este proyecto comienza antes de desencadenarse la pandemia, durante estos meses hemos podido ver cuánto afecta no contar con esta infraestructura, hoy esencial. No solo en lo productivo -donde vaya que limita- sino en cobertura de conectividad personal y en los hogares impactando en tareas cruciales como obtención de permisos o lograr mantener conectados a los estudiantes de los distintos niveles educacionales. Si, la pandemia también nos encontró frágiles en infraestructura, en un tiempo donde el llamado es a mantenerse en casa, con la consiguiente sobrecarga de redes (electricidad, conectividad, agua, etc.), donde el foco lo tiene la red asistencial.

Quiero ampliar un poco la mirada sobre esto. Me parece que es mucho más que cables, más allá incluso del uso y potencial que entrega una región conectada. Me cuesta recordar proyectos de magnitud e impacto regional tan ambiciosos como este. A mi juicio una de las causas de nuestro pésimo ránking de pobreza a nivel nacional -siempre disputando el primer o segundo lugar- radica en la (in)capacidad de soñar con futuros posibles ambiciosos, más allá de que este pueda ser un mandato nacional donde 9.000 millones puedan ser una raya en el agua comparada con la inversión completa. Sé que suena ingenuo, pero ante la oportunidad que por primera vez tendremos de elegir democráticamente a la cabeza regional, me parece un punto a tener presente. El puerto de verdad que no obligue a trasladar todo hasta Valparaíso, el aeropuerto que de fondo a esa supuesta vocación turística o incluso hacer que el concepto de “Región del Maule” tenga sentido, son parte de ese desafío pendiente.

Desconozco si la inversión aprobada -menor que el megaproyecto Freire Alessandri- logre el completo brillo en el mediano plazo, considerando que ya se ha solicitado autorización para despliegue en el Maule de puntos para conectar Starlink -basado en una constelación de satélites de Elon Musk que permitirían conexión desde cualquier lugar- quienes en enero de este año anunciaron que podrían estar activos antes de fin de año. Como sea, este esfuerzo público valdrá la pena si aspiramos a establecer condiciones esenciales para salir de nuestro pésimo ránking.

Es de esperar que el impulso puesto en redes de conectividad digital, también nos permita priorizar la finalización de esa pendiente red costera de caminos llamada Carretera de la Costa (Licantén y Vichuquén todavía pendientes), que haya una fiscalización real a la red eléctrica donde su tendido de distribución se rompe todas las semanas con el solo hecho de pronosticar viento y, por cierto, las siempre pendientes redes de distribución de agua. Dejar de poner todas las fichas en las capitales provinciales también habla(rá) de esto y de esa región que aspiramos a tener.

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