Yo lo desmiento

Hace unos días vi una columna que me inquieto en La Prensa Domingo. Recomiendo leerla para tener contexto antes de leer el post.

Me ha parecido interesante el relato ya que considero —también desde el engolosinamiento particular y evanescente— estar del otro lado de la moneda: educación secundaria pública; de pregrado regional y pública; y de postgrado pública. Lo del éxito estaremos de acuerdo en que es relativo (mayor dinero? mayor impacto? mayor status? más tickets de almuerzo, en fin, interpretable). Pero no quiero escribir desde la falacia, desde una falsa imagen de generalidad basada en antecedentes particulares. Muy individualista, por cierto.

Pero además de interesante, me parece irresponsable el relato (y si, dejé pasar la de Hidroaysen como paraíso turístico). Sería una irresponsabilidad de mi parte tratar un tema tan delicado como la educación y educación terciaria en este caso, de ese modo, más aun teniendo en consideración que es un tema que me interesa y me ha interesado incluso durante mi formación de pregrado, en la que en algún tiempo fui dirigente estudiantil, de esos que como se intenta mostrar en el artículo: “no cachan na”.

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De vírgenes, crucifijos y paredes de espacios públicos

Columna publicada en El Quinto Poder

Ya se habló acerca del arribo de las vírgenes a la Junji, no obstante, ayer en la clase de historia del Presidente, apareció un símbolo en la muralla que estuvo a su espalda durante la clase. Un crucifico decoraba lo alto de la sala de la escuela pública Millahue D-405 de Cerro Navia.

Ver aquella imagen en un colegio público llama a cuestionarnos en dos sentidos posibles: ¿Dónde están los demás símbolos espirituales? O bien ¿qué hace eso ahí, en una institución pública? O todos o ninguno. La división entre Estado-Iglesia, luego de un intenso debate en las postrimerías del siglo XIX, incluso dio como origen el nacimiento de la Universidad Católica de Chile, como trinchera académica para el nuevo siglo. Las “Leyes Laicas” aseguraban un Estado Laico, que respetaba las diversas confesiones existentes de la época, pero no incluía dentro de sí a alguna de ellas en particular.

Entre Educación Media y Básica recuerdo haber estado en al menos una decena de salas de clase, pero nunca en mi vida vi un crucifijo ni una virgen en aquellas murallas públicas. Es más, en pleno gobierno de Augusto Pinochet -período en el que cursé parte de mi Educación Básica-, con patrona del ejército y todo, nunca vi algo de ese estilo. Qué decir de la época universitaria en una universidad tradicional no confesional. La Educación Pública de la que soy fruto -a mucha honra- debiese promover al menos una ecuanimidad que entregue herramientas ante una posible elección espiritual de los niños y jóvenes, pero no obligar a nadie a tomar una opción en particular en caso de no tenerla, o peor aún, a aquellos que ya profesan alguna religión distinta a la que se supone estadísticamente mayoritaria.

La Educación Pública en sus establecimientos -no ignoro en este punto el deber de los alcaldes de garantizar ciertos estándares laicos como responsables comunales- podrían permitir a lo más en sus murallas, en un sentido de compromiso con la institucionalidad democrática y republicana que ostentamos tener, un organigrama de los poderes del Estado y quienes los dirigen, de modo de fomentar una cultura cívica desde la infancia. A decir verdad, una foto del Presidente sería más atingente que una cruz en un Estado realmente laico.

Sigo sintiéndome en el siglo XIX. Al parecer, todo aquello que nos parecía obvio, no lo era.

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Todas íbamos a ser reinas

Hace un par de días, con motivo del problema educacional chileno me enviaron un link. Este link iniciaba con una apelación a Gabriela para justificar inicio de una propuesta educativa y cómo ella criticaba al Estado Docente por la falta de espacios para crear y dar rienda suelta a nuevas opciones que contribuyeran a la labor de educar -“apenas deja sitio para poner sabor de alma” decía-, desde luego una crítica al Estado Docente no quiere decir más que eso.

José Piñera “arquitecto del pionero sistema privado de pensiones chileno”[1], en su Propuesta Reforma Educacional -muy a lo good bless Chile por cierto- en su sitio entrega la “Llave del tesoro”, una propuesta de 6 puntos, lo que en sus palabras significa “hacer una profunda reforma educacional, de la envergadura de la que fue la creación del sistema de AFP” (P.6).

Independiente de lo que piensen quienes fueron acarreados desde las “cajas de pensión” para nutrir la nueva forma de™ administrar pensiones de las AFP -acarreo que casualmente no afectó ni a las FF.AA. ni Carabineros-, ello pudiese servir de referencia conceptual para proyectar ideas afines pero esta vez en el área educacional y fundamentalmente en lo que a administración se refiere.

Todas íbamos a ser reinas.

Detrás de esta y otras propuestas, está la ya familiar mano invisible, pero además, está detrás de ella un elemento que, al igual que el emprendimiento, atiborra las presentaciones de ICARE pero del verbo a la carne no llega: la meritocracia.

Todos somos distintos. Todos somos ignorantes o sabios, dependiendo del contexto insinuaba Einstein y bajo estas premisas, podremos desempeñarnos con disímiles resultados dependiendo de la actividad que se enfrente. Esto crea distinciones de diverso tipo y debiese -ojo con el ideal-, debiese, elevar a nuevos niveles a quienes se desempeñen de mejor forma en su particular contexto. La provocación de El baile de los que sobran, es por ello una de las carrasperas vergonzosas que hasta hoy nos persigue como país, patria incluso si quieren llamarle.

Este es uno de los puntos por los que una Educación Pública debiese ser fuerte y reconocida, por que es la base de una meritocracia REAL que permita a quienes tienen y no tienen recursos, tener el mismo derecho a educación de calidad. Cuestionémoslo: ¿es un derecho?, según yo si, me parece hasta obvio, pero al parecer no sería tan obvio.

Pensar que un niño chileno promedio, con enseñanza pública en escuela con nombre de buque gringo (Ie. F320, E33, A3, etc.) sin ser rubio y sin el azar de apellido extranjero, podrá llegar a una gerencia o directorio de alguna empresa nacional es francamente no saber dónde estamos parados. Resentidos! dirán unos, pero mejor que aceptar o no aceptar la frase anterior, sería preguntarle a una empresa de Head Hunters por la probabilidad y perfiles que para tales cargos se manejan. Probabilidad de encontrar apellidos mapuche o de etnias locales sería un gran indicador.

En este marco, nos cuestionamos la existencia de la meritocracia de la forma en la que se nos ofrece y al menos nos da una vuelta al momento de optar, por ejemplo, por un colegio para nuestros hijos: academy, college o algún otro keyword por el estilo debería estar presente al menos para formar red que no implique blonda cabellera o teñido forzoso emergente post 80’s (lectura recomendada: Siútico). Ojo, esto no es gratis, lo que nos lleva a pedir un minuto de silencio por quienes estén dentro de un colegio con luz amarilla o roja. “Oías los consejos, los ojos en el profesor, había tanto sol, sobre las cabezas, ellos pedían esfuerzo, ellos pedían dedicación y ¿para qué? para terminar bailando y pateando piedras”.

Como dice una amiga, “¿y que tanto!, si mi hijo quiere ser hippie y si es feliz de ese modo y es una gran persona, no debiese estar contenta acaso?”. En un mundo relativo, donde los parámetros los pone el entorno, eso no sería posible… salvo que tuviese una empresa de piojos, quizá de trenzados y estampados con tinta natural, que le permitiese tener al menos un gran auto o una rubia siliconada, en una sociedad de “libre” mercado, sería un paria. Lo hablamos ya eso de “no tienes, no perteneces”.

Quizá ese sea el mensaje de Lucila. Se puede reinar desde Valle de Elqui.

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¿Cuánto vale una familia?

En mi país un sector creativo ha invitado a pensar en bonos para matrimonios, por hijos y por llegar a los 50 años de casados. Esto, además de ser injusto —¿por qué no poder optar en la libertad asegurada en la constitución a la soltería y ser tratado equitativamente?— y poner nuevamente en desventaja a algunos, evade al génesis del “problema” haciéndole el quite a un espejo en el que como sociedad no nos queremos ver, ni queremos replantear.

Trabajo, trabajo, trabajo!
Para nadie es una nueva estadística que el periodo de la maternidad se haya desplazado en la vida de la “mujer actual” —suena a suplemento de SSR— lo que desde luego responde a lo que en una sociedad que se quiere ver como meritocrática, al desarrollo profesional. De igual modo con el hombre, donde existe un pacto implícito en donde hemos visto como se desplaza también el cuándo “dar el sí” si es que se opta por el matrimonio.

Cabe preguntarnos en este punto, ¿por qué?.

El trabajo para la mayor parte de la ciudadanía significa su opción a tener la misma oportunidad del vecino de “tener” todo lo que la sociedad etiqueta como una necesidad o como un símbolo de estatus y de algún modo, de pertenencia a esta sociedad. No tienes, no perteneces. (Pregúntale a un mendigo). Por proporcionalidad directa, más trabajo → mayor capacidad de consumo; mayor escolaridad → mayor capacidad de conseguir empleo. En una sociedad que valora consumir, esto es, tener por sobre ser —materia por sobre espíritu en términos clásicos— vale más cuanto puedas comprar que cuanto puedas ser y, el ser, se moldea también en espacios humanos (familiares y sociales), pero, ¿y si no hay tiempo?, ¿si el tiempo se lo lleva el poder optar a tener?, ¿cuántos amigos has perdido?.

Efectivamente, mientras el dueño de la compañía puede optar entre como maneja su tiempo, quien sólo trabaja de forma dependiente no puede hacerlo. No es la primera vez que pasa en nuestra historia, recordemos al señor en la mina, a la señora en la fábrica de telas y probablemente el hijo aprendiendo el oficio del padre, ya que en el futuro debería ser él quien continuase la tradición. Esta realidad post-industrial movió por necesidad al mundo del trabajo primero a la mujer y luego a los propios hijos, tendencia que favorablemente va en retirada en occidente.

El problema del tiempo, el problema del trabajo y el problema del tener frente al ser, no solo afecta a nuestra construcción de sociedad, siendo con otros, perteneciendo realmente y sin poner como foco el tener.

Familia bien educada
Cuando se comienza a hablar del “problema educativo”, se aborda hasta cuanto implica que el auxiliar de la escuela use tal o cual color de tarro para llevar la basura en el rendimiento escolar, pero siempre se deja convenientemente de lado que el factor decisivo es la familia. Ante esta situación y con estadísticas al alza de problemas asociados —delincuencia, drogradicción, formación, etc.— se desplaza la responsabilidad hacia el lado del estado. Ahora, será el estado a través de, por ejemplo, jornada escolar completa, talleres los sábados, etc., quien eduque y mantenga a cada escolar, cabiéndole al estado directamente el peso del éxito o fracaso de la educación de los niños. Y cabe preguntarnos entonces, ¿padres que con suerte alcanzan a llegar a casa para dormir, podrán cumplir la labor que les cabe ante tal situación?. Obviamente no y probablemente esto no cambiará. Si para el bicentenario —celebración de ni más ni menos que 200 años de vida independiente— el indicador de miserabilidad marcó 100 por dar un día libre por los costos económicos que trae —siempre se ve la mitad vacía, ni el turismo ni diversión dan dinero…—, ¿estarán dispuestos a pensar en rebajar una jornada para los padres el año completo? Obviamente no y a pesar de que esto a largo plazo genere mayores rendimientos y el fortalecimiento de la misma familia con la que se hace gárgaras en el hemiciclo.

Si, estamos de acuerdo. Siendo diputado, senador o teniendo algún tipo de influencia dentro del segmento acomodado de la población, de ese que quiere que aumenten los hijos por hogar y muñequea a los valores según su criterio, obviamente parece una aberración pensar en pocos hijos o en matrimonios que duren poco —¿falta de tiempo y cuidado o preocupación?— y cómo no ha de ser así, si en la mente cota mil, con padre en la empresa y madre en el gimnasio parece incomprensible que al retorno de la escuela no haya alguien en casa. Aunque sea la nana.

¡Felicidades!. Hemos llegado al punto de tener que pagar. Dar dinero para “incentivar” ciertas prácticas sociales antaño naturales, tradicionales.

¿Qué ha pasado, al punto de tener que dar dinero para motivar la formación de familias y la mantención del vínculo en el tiempo?, ¿Cuánto vale una familia?

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Ministerio de Educación: bastión de la Cultura

Durante la tarde de hoy, se dará a conocer al futuro Ministro de Educación. Este cargo, apetecido por algunos, rechazado por otros, tiene de dulce y agraz. Es foco constante del juicio público, de protestas estudiantiles, paros docentes, cuestionamiento de sus diversas reglamentaciones, etc. Sobre todo el rosario de negatividad mencionada, hay algo más que está en juego en cada nombramiento y “estilo” del nombrado. En los énfasis y “estilos” es en donde se jugará parte del futuro de los próximos 30 años. La Educación Pública, Educación Superior y la Cultura en general tendrá el foco.

De la Educación Pública.
Cuando hablamos de Educación debemos ser cautos en distinguir al menos dos tipos: la pública y la no-pública. Llamemos “la pública” aquella que eligen quienes no-tienen recursos insuficientes para optar a Colegios Particulares Subvencionados y obviamente, menos aún a Colegios Privados.

La Educación es la base de la Cultura. Históricamente ha existido una lucha permanente por el predominio de esa cultura -los más observadores ya lo habrán notado- y por tanto, de la educación por ser su base. Quienes han tenido recursos suficientes, realmente pueden optar a una educación en la medida de sus requerimientos, de sus deseos, con sus propias preferencias y estilos, con formación de ciertos valores y/o competencias, mientras que quienes optan por la educación pública, no.

“Quien quiera imponer sus valores o preceptos en la cultura, intentará dominar la educación. Fase 1 del manual de conquista.”

En este marco, por ejemplo, ¿sería de interés educativo realizar un ritual religioso en un colegio público? si, podría serlo, toda vez que se abriera un espacio hacia la espiritualidad del niño en formación, desde luego, mostrándole todas las opciones que la sociedad le entrega: La Torá, El Corán, La Udana, El Chilam Balam y otros, también tienen cabida en la formación del estudiante, además de la Biblia. Espiritualidad no es igual a religión. Y, amigos, esta es la encrucijada en la que cala el problema de fondo de la educación: el dominio de la Educación Pública, con un objetivo mayor: el dominio de la cultura.

Quien quiera imponer sus valores o preceptos en la cultura, intentará dominar la educación. Fase 1 del manual de conquista.

Frente a nuestras narices se encuentra esta situación, galopante en lo referente a la Educación Superior. La profusa aparición de instituciones medio mercantiles, medio religiosas, con el patrocinio de medios de comunicación e inmobiliarias, nos invade a diario. Intentan validarlas por medio de apariciones de docentes en canales de TV o por medio de columnas en diarios –dicho sea de paso, docentes con formación pública y estudios pagados en algunos casos por el propio Estado– que intentan validar una supuesta rapidez de las instituciones en lograr una calidad dudable en docencia, investigación y extensión; lo intentan hasta incluso patrocinando exposiciones de tenistas internacionales, pasando por Escuelas de Gobierno y asesorías que intentan enraizarse en lo profundo del poder Ejecutivo y Legislativo.

Amigos, el problema no es nuevo. Esta situación va más allá de la Educación Universitaria, llegando a aquellos niños en formación, receptivos de todos y cada uno de los estímulos a su alrededor, materia prima precisa para el dominio medio mercantil, medio religioso. La Educación Pública intentaba ser una Educación pluralista, universalista y no discriminatoria. Comenzó por dejar al arbitrio de los municipios su administración. Luego por entregar recursos insuficientes en la formación de docentes de calidad y siguió por entregar sueldos no aptos para quienes forman el futuro de un país.

¿Ven aquí un intento sugerente por acotar en cada paso la labor de la Educación Pública? Eliminar la Educación Pública como tal es el riesgo permanente de perder nuestra Cultura como hoy la conocemos. Permitir la pérdida de la Educación Pública, o un arrinconamiento en un segundo lugar, abrirá la puerta a consolidar una cultura individualista, basada en valores de TV y, en fin, perder nuevamente, un poco de Chile.

Ojo con el futuro Ministro.

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