Asumir la culpabilidad

Luego de dos sendas editoriales en los diarios de la Región del Maule, queda claro que ya llegamos al siguiente nivel de las cosas. La sentencia en el caso Concejales Viajeros cimentó lo que en un momento se intentó mantener como especulaciones, ataques personales y festines de redes sociales, como diría el Alcalde en conferencia de prensa especialmente convocada para apoyar a los acusados. En efecto aguzado lector, para esa convocatoria no se requirió una sentencia, requisito que siempre han solicitado para otras acciones. Decíamos que ha llegado al siguiente nivel de las cosas, a tal punto que el propio diario de la comarca, Diario La Prensa, fue explícito: los tres [concejales reelectos] deberían haber dejado sus cargos ya. El título es el indicado por lo que lo replico.

He sido persistente en exponer en todas formas y colores que la primera renuncia debió ser en agosto de 2015.

¿Hace ya dos años? Si, hace dos años ya.

Creo que es aquí donde tenemos el punto fundamental de la historia completa, el de pensar que es un asunto primero administrativo y segundo un asunto legal. Es un poquito más profundo, es un asunto ético y que logra elocuencia propia en sus actos y omisiones. Por cierto, en el intento por lograr morir con las botas puestas, en todo el proceso esto no ha dejado de ser un mero “error”. El punto fundamental, de pensar que la única variable relevante es la legal, expone la total irrelevancia de un actuar ético en la función pública. Digo esto, ya que por ese agosto de 2015 el Concejal Canales acepta en conferencia de prensa -recordar lo de la teatralización que hemos desarrollado anteriormente- su acción en un bullado mea culpa, logrando el segundo lugar en meaculpas luego del exconcejal Limardo, quien si da el primer paso de valentía mezclada con la evidente conveniencia legal. Ya en ese momento conocimos del estándar de “error” del concejal. Quepa recordar que una buena acción no redime una mala acción, por más que la matriz judeocristiana clásica intente hacernos pensar que si. Seré más claro, dar regalos en bingos o participar de teletones no exime del requerimiento administrativo, legal y, aunque no guste, ético.

Centro este punto en el concejal Canales, no por gusto ni mucho menos, sino por que ha sido icónico en el devenir de este caso, junto con el ex concejal y alcalde Muñoz. Recordar es volver a vivir. Luego del meaculpa con lágrimas -no es ironía, es un hecho- el paso directo era dar el paso al costado. Eso no sucedió.
Si eso no sucedió fue por que además de la personal convicción del concejal, no debió existir presión ni de su partido, ni de quienes le apoyan al punto de mantener el gesto de contratación como asesor en el Congreso. Todo su entorno compartió su convicción. Pero, recordar es volver a vivir, en su momento expresó que se alejaría de la política y que no repostularía. Ese momento habría sido una salida un poco menos digna que la de dar el paso al costado en el primer momento, pero habría tenido sentido en su permanente argumento de representación y de no dejar huérfanos a esos miles de curicanos que le eligen. Eso tampoco sucedió.
Aplicando el mismo razonamiento anterior, a su interés por mantenerse en la mesa municipal, le siguió su entorno y quienes debieron definir su candidatura como carta bien votada.

Con sentencia en mano, en medios locales se le ha consultado acerca de si dejará su cargo. Expone que no debe hacerlo si los demás sentenciados no dejan el cargo también. Si, suma a un integrante adicional al set de tres concejales: el alcalde Muñoz. Cuando aparece este tipo de argumento –“no me voy solo”, “condicionaré mi salida”– queda bastante claro el estándar que se maneja y el punto al que llegaremos.

Al concejal y a los demás que siguen sin renunciar, no les importa el conflicto evidente que significa la sentencia que expuso la capacidad de falsificar y defraudar al Fisco con el ejercicio de su cargo. No lo ven. No les hace ruido. No lo encuentran relevante en su ejercicio de representación, aun cuando los delitos impactan directamente a sus representados.

El concejal Canales no entiende que está frente al mismo problema que con tanto ahínco y sentido de realidad expuso en su momento respecto al caso del Millón de Dólares, donde por la persistencia del Alcalde y sus consiglieris los chilenos quedamos un millón de dólares abajo. Conceptualmente es similar, en este caso, con su “error”.

El caso del Concejal Saavedra y el Concejal Undurraga ha sido en parte distinto. Con una linea de acción distinta, han logrado mantenerse durante todo el proceso en un tercer o cuarto plano quizá. Piola. Sin aspavientos, sin conferencia de prensa, sin meaculpas televisados y menos dando que hablar en medios, ambos concejales han ido por el camino de la levedad.

Decíamos que ha sido sólo en parte distinto su caso, ya que ambos responden a reelecciones, por lo que aplicando el razonamiento anterior, ellos, sus cercanos y sus partidos, aprobaron que participaran de una nueva reelección. Pudiendo decir que no, prosiguieron. En este punto hay un camino distinto entre los dos concejales. En el caso del Concejal Undurraga, se mantuvo la línea UDI permanente de hacer vista gorda y esperar a que la sangre llegue al río. Hubo un criterio y se mantuvo. Nefasto, pero criterio al fin. En el caso del Concejal Saavedra, fue evidente la disparidad de criterio frente a la exconcejal Maureira. Si no fue por decisión personal de la exconcejal, expone la discriminación plena de parte del PR. Sea cual haya sido la distinción, ambos llegaron a la papeleta y tampoco tienen mayor problema con la situación.

Será complejo por parte de los partidos intentar explicar el apoyo a quienes cometieron los delitos que se expusieron y que nos llevaron a este punto de vergüenza nacional. Más aún ad portas de una elección. Si pensó que esto está por terminar, comete un error. Más allá de lo que puedan significar las instancias de apelación, mientras caen alfiles, torres y peones, los ojos comienzan a mirar al rey. En efecto, el juego del Concejal Canales, condicionando su renuncia a la del propio alcalde además de comprar un poco de tiempo -recordemos las sobrecargas permanentes de la atareada fiscalía maulina- nos recuerda que está pendiente el caso del que depende no sólo el alcalde sino parte de su liderazgo que quedaría en cuestión. De hecho, la veta administrativa del problema expone debilidades de su dominio y responsabilidad. Pero insisto, no perdamos de vista que no hay sólo un tablero en juego, sino varios tableros concatenados, donde el resultado de uno afectará al del siguiente. No es el único rey en peligro y eso se ha mantenido desde el inicio del proceso.

Comenzando a finalizar, no se confunda. Desarrollar el icónico caso del Concejal Canales en esta columna no exime al Concejal Saavedra ni al Concejal Undurraga. Los tres debieron haber renunciado ya. Antes de la próxima sesión de concejo de este próximo martes incluso. El incentivo para un llamado al orden de parte del alcalde es igual a cero ya que está en su propio zapato chino. Distinto es el caso para quienes representan al futuro en el concejo municipal, los nuevos concejales tienen la oportunidad de diferenciarse no sólo por cumplir el umbral legal, sino expresar que entienden que la comunidad espera mucho más que el llenado de un formulario de rendición. Si desde el edificio municipal se optó en el pasado por la inacción, hoy tienen en sus manos la opción de definir una línea clara del estándar ético que sostendrán. Esto deberá ser rápido, es más, el primero que lo haga, ganará.

Como decía en la entrega anterior, mi apuesta es que no renunciarán. Por más que los ladrillos de la lógica caigan sobre ellos, seguirán caminando. No les interesa ni les importa, mientras no afecte su posición (expresado claramente por ejemplo en el interés por devolver dineros -legal, protege su posición- pero no querer renunciar -ético, afecta su posición-). Y es que cuando el sentido de realidad se pierde, ni resucitando a Descartes se logrará algo.

Bien Diario La Prensa y Diario El Centro por dar cuenta y generar en torno al tema. Aún con un limitado alcance, queda claro que todos sabemos que todos sabemos… y ellos saben.

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Marcelo Aliaga

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