La bicicleta como parte de la solución

Columna en Diario La Prensa, martes 6 de agosto de 2019.

La pintura de cruces de ciclovías en la Alameda marcará un antes y un después para Curicó. Quienes andamos en bicicleta hemos podido ver que efectivamente los automóviles, en su mayoría, se detienen y los respetan. Este importante espacio de la ciudad sin duda no es el único a abordar, pero si el primero que se define de forma conjunta entre el municipio y la ciudadanía en la mesa de trabajo, como parte de los pendientes priorizados de corto plazo. Pronto deberían comenzar a aparecer bicicleteros y demarcaciones, bajo estándares definidos a nivel nacional. Estas son tareas que sin duda nos conectan a un pasado y tradición ciclista, pero también a una opción de futuro, con foco centrado en las personas.

Nos queda un conjunto de creencias por modificar y que nos limitan al momento de tomar decisiones. ¿Todas las ciclovías deberían construirse luego de haber construido una vía para automóviles? Licantén logró desbloquear esto en su momento. La pasarela pasó a convertirse en un ícono turístico además del notable impacto para la comunidad en ambos lados del Mataquito. Un ícono es este sentido es el Snake Bridge en Copenhague por ejemplo.

Si desbloqueamos el hecho de que los ciclistas y peatones debemos depender de un camino para autos, quizá podamos cumplir la promesa de recuperar ese puente para Curicó y Los Niches, beneficiando por ejemplo a los estudiantes de los campus universitarios cercanos y sin duda a la comunidad que debe arriesgarse a andar por la carretera. Es simple: una pasarela liviana donde logren transitar sólo bicicletas y peatones. Si pudimos ser pioneros en ciclovías en Chile, esta es una buena opción por intentar retomar el sitial.

Si desbloqueamos esto, quizá podamos pensar en unir luego Quilpoco con Tutuquén y beneficiar a las comunidades que deben optar entre largas rutas o pasar por el agua baja y de paso lograremos también desarrollar el turismo. El precio y tiempo para lograr estos proyectos, será sin duda más bajo que los clásicos puentes de concreto, pero para lograrlo primero los tomadores de decisión deben salir del esquema pro-auto imperante.

También deberemos reinventar la definición de Curicó. Curicó excede con creces el límite de lo comunal, formando lo que podríamos llamar Gran Curicó, generando un “entre” del que nadie se está haciendo cargo. Si analizamos las últimas muertes de ciclistas, podemos ver que se encuentran en esos espacios. ¿Cómo mejoramos las condiciones y securizamos la ruta Curicó-Lontué, Curicó-Romeral, Curicó-Rauco o Curicó-Sagrada Familia?. Ese “entre”, usualmente tiene vehículos en alta velocidad, entornos rurales y pésimas condiciones para peatones y ciclistas, ya que lo importante en su momento parece haber sido lograr una buena ruta para vehículos motorizados solamente.

Vivimos momentos críticos para el transporte de Curicó y el Gran Curicó. Las seremías parecen estar más centradas en cómo mejorar condiciones para el transporte motorizado, mientras en las horas peak cunde la resignación en los tacos. Frente a esto, ya hemos visto como van aumentando quienes optan por la bicicleta frente al plantón diario en el taco, lo que debería seguir incrementándose a medida que se acerca la primavera. Promover el uso intensivo de la bicicleta se transforma así en una tarea pública a sumar en la agenda. Necesitamos señales públicas e incentivos para lograr esa decisión clave del día a día: dejar el auto en casa.

(18)