¿Vendimia o Autos? Autos.

¿Y si mejor sacamos los autos del centro? Esta pregunta que aquí aún es aberrante, ha guiado una serie de acciones concretas que efectivamente han tenido buenos resultados en otras latitudes. Porque de partida, la habilitación de radios urbanos donde solo pueden acceder peatones, otro donde pueden llegar bicicletas y peatones y otro exterior donde sí pueden llegar vehículos ha contribuido, por ejemplo, a mejorar las ventas en aquellas zonas peatonales. Si, es rentable. Pero no solo eso: ha abierto un espacio de calma y accesibilidad para quienes por diversos motivos no logran calzar en ese diseño de ciudad generado para el adulto productivo: los niños, tercera edad y mujeres -porque eso de adultos productivos no incluye a las adultas productivas ni a sus tobillos- y mucho menos a quienes tienen necesidades especiales de movilidad. Aquí solo nos cabe asumir lo existente. Qué interesante es -fíjese usted- que esas mismas ciudades tengan también mejores índices de salud e indicadores de felicidad. Quién lo habría imaginado.
Volvamos a lo nuestro. ¿Y si mejor le entregamos la ciudad a los autos? Porque esas ciudades se alejan del real desarrollo y progreso. No se dan cuenta de que lo realmente importante es que el automóvil pueda copar todo espacio disponible, platabandas, veredas y ciclovías incluidas. Que no es aceptable no poder llegar a la puerta de nuestro destino y poder dejar el auto estacionado afuera. Pagamos un permiso de circulación que nos habilita para hacerlo, donde y como queramos. Favorablemente nuestras máximas autoridades así lo han entendido y ahora se han propuesto cambiar la plaza como centro de aquella fiesta nacional de la vendimia, tras 30 años de ininterrumpida tradición: debemos cambiarlo si el paradigma proauto lo exige. Tal como luego de 170 años el megaproyecto automotriz nos exigió cambiar el rito funerario en Freire y tal como exigirá nuevas acciones mañana. Alejémonos de esos cantos de sirena de ciudades caminables o cicleteables: sigamos incentivando el uso del automóvil a cómo dé lugar y desde nuestras primeras autoridades. Es inaceptable abrir calles para peatones y ciclos. Perdón, lo expuse al revés: es inaceptable bloquear calles a los automóviles. Si, es plenamente inaceptable si lo que tenemos a flor de piel es aquel paradigma que siempre pone al vehículo en el centro de todo, por más que la evidencia diga precisamente lo contrario. ¿En qué basan la petición de cambio de las actividades de la fiesta de la vendimia, que ha demostrado en los hechos poder realizarse allí? En una entrevista radial, el alcalde aconsejaba a la comunidad dejar sus vehículos en casa e intentar ir en transporte público. Sabio consejo. ¿Cuál transporte público? ¿Ese que no alcanza a Tutuquén, Sarmiento, Zapallar o Los Niches? ¿El que toma el recorrido que se le antoja? ¿El que si no quiere salir, no sale? Frente a esto, la sabiduría regional opta como mejor reacción la de sacar de recorrido a conductores de aplicación y motoristas, que contribuyen a bajar presión al tráfico. Sabia decisión. Se nos aparece marzo dos veces y nos vuelve a enfrentar a nuestras propias ideas, concepciones de ciudad, imaginarios que una y otra vez no dan abasto. La solución -lo saben- no es el sueño sin fecha del Central Park del Aeródromo. ¿Vendimia o autos? La respuesta para este año es clara.

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