Acerca de cómo matamos a Rodríguez

Comparto esta columna en Diario La Prensa del domingo 24 de febrero de 2019.

La crisis de transporte en Curicó, obligó la decisión de cambiar el sentido de las calles en febrero de 2014. Cinco años más tarde, como la cantidad de autos aumenta y parece que no estamos dispuestos a ensanchar las calles, el margen de acción es acotado. Cuando se concretó el cambio de sentido de las vías, se realizó un conjunto de modificaciones de sentido que, supuestamente, deberían funcionar a la vez y de forma coordinada. Como en una orquesta, si un instrumento suena mal, toda la orquesta se escuchará mal.

En el Barrio Norte, se definió mantener la cantidad de entradas y salidas hacia el centro, pero aprovechando la oportunidad para facilitar el transporte por la antigua Avenida OHiggins. Así, O’Higgins tomó la vía de entrada al centro que tenía Rodríguez y Rodríguez invirtió su sentido tomando la pista de O’Higgins hacia el norte, logrando ni más ni menos que duplicar el flujo de ésta. Para asegurar lo que significaba duplicar el flujo de O’Higgins, se habilitaron señales para no estacionar y mantener así ese flujo disponible. Bueno, al menos en el papel se veía razonable.

A veces hay que sincerar los contratos invisibles. En buen chileno, los terminales de buses metidos en el medio de la ciudad son el gran cacho que no se quiere eliminar, por este motivo, en buen chileno nuevamente, aceptamos tragarnos el sapo y debimos -como comunidad- modificar(les) el sentido de las calles, para asumir como ciudad completa todo el daño ocasionado al meter vehículos de gran volumen al centro. ¿Lo ven?. El asunto es que no están cumpliendo su parte del contrato invisible, la elemental de respetar la reglamentación vigente y mantener el flujo, evitando el carreteo, el “detenerse indefinidamente” con el viejo truco de no apagar el motor, o de plano estacionarse.
Resumo: para intentar solucionar el daño del gremio que tendía al colapso del sistema, debimos cambiar el sentido histórico que tenían las calles desde 1941.
Una ciudad debió cambiar para ustedes chicos. Debimos, todos como comunidad, adaptarnos a ustedes ¿Qué logramos?.

Matamos a Rodríguez, así de claro. El bloquear a diario la pista de O’Higgins con buses detenidos y estacionados, ocasiona perder el flujo que se pretendía ganar duplicando vías al sur. Así, O’Higgins vuelve a tener una sola vía. La paradoja es que la situación actual es la misma que hubiésemos tenido en el esquema previo a 2014 y, peor aún, como si hubiésemos puesto una de esas barreras del paso bajo nivel de Freire -de esas que dicen “no entrar”- en Freire con Rodríguez. Bloqueo de acceso a la calle.
Raya para la suma entonces: luego de asumir la “externalidad negativa” que provocaban los buses y que devino en cambio de sentido, también estamos teniendo que asumir la pérdida de una vía de acceso. La hicimos.

Me encanta la idea de una peatonal. Decían que de la estación de trenes, pendiente de reconstruir; al funicular, que aun no terminamos, era la idea, de ese paseo soñado donde los peatones y ciclistas puedan lograr un paseo a escala humana. Donde los turistas llegaban, compraban tortas, subían al cerro, paseaban y podían seguir su trayecto. Si esa era la intención al comenzar a bloquear calles, sinceremos el hecho y concretemos ese paseo público.

Si no era ese el objetivo, ojalá que entonces la Seremía de Transportes del Maule, la Municipalidad y Carabineros hagan su pega, partiendo por sancionar al que ose bloquear O’Higgins, siguiendo luego por todos los que en el Barrio Norte, ignoran que no está permitido estacionar sobre veredas, bloquear ciclovías o hasta andar en moto por las veredas. Lo contrario, sería cimentar la intuición de que el espacio público no es de nadie o, peor aún, que todos podemos hacer lo que se nos plazca, incumpliendo normas y afectando por acción u omisión a otros.

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