Fragilidad institucional

En algún futuro post escribiré acerca de Curico2043, por lo pronto, comparto esta columna acerca de la fragilidad institucional actual y su impacto a futuro, irresponsabilidad que el cortoplacismo comunal se niega a admitir y abordar.


Fragilidad institucional
La vinculación directa entre ciudadanía y estado es el municipio. Existiendo una intermedia, la junta de vecinos, es el municipio el coordinador y administrador desde donde cada población, cada barrio, cada sector y la ciudad completa debería intentar avanzar en armonía. En un edificio con peligro de derrumbe, autos mal estacionados, comercio ilegal, áreas verdes por desarrollar, perros vagos y una lista abierta, es el municipio el que se lleva las miradas. Pero además, las compras pequeñas medianas y grandes, las licitaciones, grandes compras y acuerdos complementarios también pasan por el municipio, para lo que se asigna un presupuesto importante, dinero público para lograrlo.

Cuando pensamos en el Curicó del futuro, vale decir, lo que esperamos de Curicó en su tercer centenario, no pensamos únicamente en infraestructura, en tener una ciudad urbanizada a la altura, donde los autos por lo menos puedan moverse, pensamos también en el conjunto de intangibles necesarios para optar a una ciudad de la cual todos con justa razón estemos orgullosos. Cuando vemos que Curicó se asocia a corrupción -verificar sensibilidad de humoristas en torno al tema para comprobación- no se circunscribe la escena a un tiempo (hoy o de aquí a las próximas elecciones) ni a un set de actores (acusados, acusadores, etc.), sino a un periodo que incluye pasado -obras pendientes, obras a medias, temas no abiertos, etc.- y también futuro -imagen de ciudad, posicionamiento para negociar, validación para tomar decisiones, etc.- dejando en pie de duda a la institucional que nos hemos dado, ya que, les recuerdo, los elegimos o los eligieron.

En una estructura esencialmente centralista, comandada por un intendente designado y de forma local por una gobernadora designada, el espacio de autonomía que nos queda está en duda, cualquiera sea el resultado judicial ya que, como bien entienden los acusados, esto no es un tema judicial, sino también un hecho político. Cualquiera sea el resultado, no será satisfactorio para nadie: si ganan, para la ciudadanía significará que no existe justicia; si pierden, evidenciará controles vulnerables y abrirá válidamente el cuestionamiento por ver más en detalle y más hacia atrás; si se dilata, seguirá siendo tema transversal que fácilmente seguirá al umbral de elecciones de octubre, hasta quizás cuando.

La fragilidad que ha mostrado nuestra institucionalidad local, queda patente al rememorar al inicio de todo el camino judicial, donde son ciudadanos los que abren la conversación. En efecto, bajo pérdida de toda responsabilidad, nuestro “contrato social” comunal no fue respetado y los responsables por resguardar los bienes públicos esenciales no vieron, no leyeron, no oyeron ni actuaron. La institucionalidad y representación queda en duda tengan o no una formalización a cuestas. Esto es central e importante. Como todo sistema viviente, la ciudad también intenta lograr su propio equilibrio interno, por lo que no es raro ver ahora pifias, funas, apelación al anonimato y acciones que desde la base intentan recomponer sin un objetivo muy claro o compartido, pero donde un “que se vayan todos” parece al menos ser una línea que se acerca a los puntos que exponen. Pues bien, integrantes clave de este sistema o por ignorancia o por dolo no han tomado acciones, lo que nos lleva incluso a mantener un concejal confeso de su “error” cobrando su salario mes a mes. La sobrevivencia individual puede efectivamente tener intereses disjuntos de los de la comunidad o de este sistema de ciudad. Nadie se está haciendo cargo de proteger el sistema y por lo mismo, es probable que las acciones “de equilibrio” sigan apareciendo.

La fragilidad se mantiene y quizá sea uno de los desafíos por cubrir en el próximo periodo, donde quizá un pavimento no sea tan importante como reflexionar acerca de los mínimos aceptables para lograr un entendimiento a la altura de las circunstancias. Quizá compromisos explícitos como de plano no viajar durante el periodo, o comunicación directa con los futuros representantes, tengan más valor que una multicancha. Y esto es central, ya que no habrá ni pavimento ni multicancha posible mientras no exista confianza para llegar a acuerdos, confianza que en este momento está perdida.

En este momento, acompaña al alcalde -a quien en su rol de exconcejal también se oyen voces de solicitud de formalización- un concejo formalizado en pleno y que, de todos modos, no se abstiene de tomar decisiones y sigue ejerciendo funciones (dentro de las que no aparece todavía la de fiscalización a sus propios actos o interpares).
Es de esperar, por el futuro de la institucionalidad que nos hemos dado, como ciudad de occidente, dentro de una república, que las futuras autoridades sí tengan meridiana claridad de lo que significa ser una autoridad, ser servidores públicos y en definitiva lograr ser el espejo en el que mirarnos, representando-nos de forma real.

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