A 15 años de la ISS, Chile y el espacio

La International Space Station (ISS) es un centro de estudios habitado por representantes de 5 agencias espaciales: la de Estados Unidos, Rusia, Japón, Canadá y la agencia espacial europea. Por contratos vinculados a alguna de las agencias anteriores, participan también países como Brasil. Este centro celebra sus 15 años y bien vale celebrarlo aunque a lo más se le den unos segundos en medios masivos más interesados en videos de gatitos bajando de un árbol y el último asalto del día.

Algunos datos importantes. La estación es el objeto artificial -desarrollado en este planeta- más grande en el espacio. Cada 92 minutos da una vuelta al planeta. Las caminatas más largas en el espacio se han hecho en ella (casi 9 horas). Si bien anteriormente era abastecida por los clásicos transbordadores estadounidenses, actualmente realizan esta tarea las naves no tripuladas rusas Progress, basado en los ya clásicos Soyuz.

Desde noviembre del 2000, ha habido de forma permanente, a lo menos dos personas en ella. En su primera expedición (Expedition 01), los tres astronautas -dos rusos y un estadounidense- orbitaron en la ISS desde noviembre de 2000 a marzo de 2001, habilitando equipamiento clave para energía (STS-97). Cabe señalar que anteriormente se había enviado equipamiento en misiones no tripuladas y tripuladas, como el Zarya y Unity, las que proveen de electricidad, almacenaje y permiten interconectar nuevos módulos respectivamente. De esos primeros días de obra gruesa, hoy ya vemos hasta tuits desde el espacio, superfotos y hasta turismo espacial incipiente.

Desde luego este esfuerzo corona las carreras espaciales de las dos agencias más grandes e históricamente competidoras en un contexto de guerra fría. Juntos se pudo más. Toda una línea lograda con la MIR (1986-1996) y antes con SkyLab (1973-1979), además de cientos de lanzamientos, pruebas y aprendizaje, nos pone hoy como humanidad en un nuevo punto. Es inspirador ver que aún existan cientos y miles de humanos intentando dar respuesta a nuevas preguntas pero también a las ya clásicas y que siguen pendientes, entre ellas, la de nuestro propio origen como humanidad. Es mucho más que fierro liviano y optimización máxima.

Hay varias enseñanzas detrás de esto. Coordinación entre potencias a veces competitivas. Profesionalismo e impecabilidad de clase mundial. Convivencia multicultural en espacios cerrados. Respeto por el entorno en ambientes frágiles, en fin. Hemos tenido la oportunidad durante los últimos años de acercarnos a esto a través del Innovation Program de NASA, que organiza a nivel internacional el International Space Apps Challenge, donde desafía a equipos a resolver en equipo problemas en distintas áreas de interés de NASA. Como no podía estar ausente, también ha participado ALMA con desafíos propios para ampliar la mirada. Cientos de personas en veintenas de equipos mantienen intacta la inquietud. Quizá todos queremos ser astronautas, cosmonautas o herederos de Jasón. Ha sido una notable experiencia, como decía hace algunos meses, casi como convivir en la ISS pero por unas limitadísimas 24 horas. Quizá para inspiración pueda ahondar el inquieto lector y lectora, en la Guía de un astronauta para sobrevivir en la Tierra.

Indefectiblemente llegamos a Chile. Ya en países plenamente desarrollados -en parámetros usuales en los que se mide “eso”- año a año se enfrenta a cuestionamientos acerca de los presupuestos asignados, real impacto y ojalá reducción de presupuesto. De ahí a comportarse como Universidad Estatal chilena, un paso. ¿Se imaginan una discusión presupuestaria asignando fondos en Chile para actividades espaciales?. Ya poder lograr la abstracción a niveles homologables sería un desafío. Quizá en paises de “servicios” y “materias primas” como el nuestro, el camino rápido sea la simple compra y fin. Que compra: arriendo mejor. ¿Para qué generar conocimiento si podemos comprarlo?.
Me alegra ver que avancen de todos modos y a pesar del contexto -representantes bailando el Koala y tal- dos iniciativas importantes para abrir un poco más a lo público temas que por lo general se mantienen lejanos a esa esfera. Por una parte el Congreso del Futuro, donde se intenta congregar una especie de Florencia de vanguardia en ciencia y tecnología desde el Senado y, por otra, el Consejo de Ministros para el Desarrollo Espacial. Es cierto, una golondrina no es más que una golondrina, pero la golondrina existe y es lo que importa.

De fondo quedará la pregunta permanente. En un contexto de recursos escasos y necesidades siempre crecientes y donde algunos pretenden hacer proselitismo con “las necesidades reales de la gente”, preguntas como las esenciales del ser humano ¿tienen cabida de ser abordadas y financiadas o no?. Históricamente la respuesta implícita ha sido si: tenemos teatros, universidades, caminos pavimentados y un set de elementos que podrían ser considerados como distantes de esas “necesidades reales de la gente”. ¿Qué necesita realmente la gente? Bueno, depende de la gente a la que se le pregunte.

¿Creían que lo olvidaría? Si, el Ministerio de Ciencia y Tecnología nos sigue penando. Ojalá llegue pronto: más ciencia y más tecnología podrían ayudar a resolver más necesidades reales de la gente. Otros países ya lo han entendido.

Mientras llega, dejemos de lado los reportajes de gatitos y celebremos lo que realmente importa: larga vida a la ISS, a la exploración espacial y a las interrogantes que nos llevan como humanidad a llegar un pasito más lejos cada día.

La obra
La Noche Estrellada sobre el Ródano, muestra una de las obras donde Van Gogh logra capturar el color en plena noche, reflejando en aquel mar la creación artificial y natural de luz.

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