¿Bomba?

Antes que todo, calma.

Ahora hazte estas preguntas:

  • Cuánta gente con preparación militar o paramilitar capaz de armar una bomba -de verdad- existe en Chile?
  • Cuántos bombazos llevamos hasta ahora? Eso ha demostrado que es posible acceder a los ingredientes e implementación, entonces, podrían hacer una bomba más grande?
  • Cuántos posibles extranjeros podrían hacer explotar una bomba?
  • Será que una bomba en extintor es la más efectiva o podrían hacer bombas aún más grandes?
  • Será que en google puedes encontrar rápidamente cómo hacer una bomba?

Ahora bien, efectivamente luego de responder esas preguntas, es fácil notar que es altamente probable tener una bomba en cualquier momento y ha sido así desde que la pólvora existe. Esto no es nuevo. A pesar de esto, seguimos aquí. Cañerías con gas, tapas en la calle, basureros, metros, autos estacionados, en fin, son espacios que han estado ahí siempre y no están explotando a diario.

La forma más efectiva de control social es a través del miedo, por algo algunos sectores políticos intentan adueñarse del tema de la “seguridad” como un nicho propio, donde siempre rinde más gatillar el miedo. Miedo y control, miedo y control. Si caes en el miedo, caes en su juego. La Iglesia sabe de esto, no con bombas, pero si con el miedo al qué pasará luego de la muerte. Miedo y control, miedo y control.

El punto de esto no es minimizar lo pasado, simplemente ponerlo en perspectiva. En decenas de bombazos aún vamos en 0 muertos. Sólo Atocha en Madrid tuvo más de 100 muertos. Si realmente quisieran habernos matado ya lo habrían hecho, no lo dudes. No podemos vivir con miedo, menos aún sabiendo que lo único cierto desde que nacimos es que moriremos y… no les veo teniendo miedo a vivir.

Que un bombazo no medre nuestro diario vivir. El que toda esa fuerza violenta se acumule en un tiempo reducido quizá parece más impactante que la violación lenta pero progresiva -literal y metafóricamente- que AFPs, Isapres, bancos, farmacias y monopolios varios sostienen día a día con la mayor impudicia, indolencia e impunidad. Esa bomba lenta, esa si es digna de medrar nuestro paso campeante, de llamar nuestra atención y de mantenernos vigilantes. Eso, eso si es violencia y digno de miedo, miedo a que finalmente, la lógica del “me rasco con mis propias uñas” termine haciendo de esto un simple pedazo de tierra sin mayor vínculo, cohesión y sentido llamado Chile.

Ser chileno es mucho más que vivir en el mismo lugar, tener RUT y una polera roja para cuando un equipo privado -que dice ser de todos- juega. Quítense el miedo y pasemos a ser un país realmente serio donde realmente las instituciones y nuestras mentes funcionen.

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