El éxito del libro de las caras

Facebook ha pasado de ser el libro de las caras a la plaza de los objetos sociales. En un comienzo me pareció un poco enredado y poco intuitivo cuando me hice usuario (2007), pero con las nuevas aplicaciones y traducción ha hecho todo más simple. Un par de veces por semana aparece en prensa tradicional algo de Facebook. Que este tiene más amigos que aquel, que las campañas ya comenzaron, etc. Como sea, cada día aparecen más recomendaciones de posibles amigos y esto muestra que el flujo de usuarios hacia este sitio-servicio va en aumento. Pero, que es lo que motiva este éxito?

La puerta al pasado.
Todos tenemos un pasado. Los colores y sabores del pasado podemos traerlos al presente conversando con quienes fueron parte de ese pasado. El colegio, un paseo de verano, familiares lejanos y otros pasados posibles forman parte de este conjunto de relaciones que podemos encontrar.

La plaza de las cosas.
De algún modo, aquella manoseada ágora de los blogs -la plaza griega- se convierte en una plaza en donde todos llegamos con cientos de cosas bajo el brazo. Queremos compartirlas y conversar de ellas. Fotos, videos, música, textos, forma de ser, libros y una inmensidad de objetos sociales las compartimos, hablamos de ellas y mostramos quienes somos.

Juegos accesibles en línea.
En los dos casos, de juegos sincrónicos o asíncronos, el competir con tus amigos es algo que invita a tomar los ratos de ocio que incluso puede ser algo cultural (no siempre lo es). En lo personal, el que más me ha enganchado ha sido Word Challenge.
Los juegos en línea no son nuevos. Por eso el título de “accesibles”, por que no es necesario configurar servidores, bajar juegos o algo por el estilo: un par de clics y listo. Compartir jugando.

Unión de servicios.
El correo, un muro, juegos, el diario favorito del Maule, son algunos de los servicios que bordean la plaza. Las aplicaciones que aparecen día a día se comparten y se enreda aún más a los amigos y conocidos.

El status y la identidad.
Todos están en facebook. Si bien es cierto eso es una gran mentira que ojala fuese verdad, en el mundo atómico el “estar en facebook” otorga status a quien dice que está y al que no también. El que si por la identidad techie y el que no por no guiarse por la moda de la masa. Quizá esto sea un aliciente para que más gente se una y se acorte la brecha tecnológica o, en el peor de los casos, sea aun mayor.

Gratuidad y virulencia.
Poder publicitar una causa o un movimiento y unir adherentes gratis… no tiene precio. Cualquiera con un poco de práctica puede salvar ballenas o luchar contra la injusticia sin moverse de su asiento y abriendo la frontera de lo físico.


Foto por Javier Etcheverry.

Gregariedad.
“El hombre es un ser gregario” fue la primera frase de mi profesor de Educación Cívica. Ya sea por que otros validan nuestra existencia o por que “somos con otros”, el mantener lazos y redes viene con nosotros y quizá este es el mayor valor de Facebook. Reunir al mundo en torno a un sitio, nuestro pasado, nuestro presente y posiblemente a nuestros acompañantes en este viaje misterioso mantiene la ventana abierta y el rabillo espectante.

Y tu, estás en Facebook?

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