Yo lo desmiento

Hace unos días vi una columna que me inquieto en La Prensa Domingo. Recomiendo leerla para tener contexto antes de leer el post.

Me ha parecido interesante el relato ya que considero —también desde el engolosinamiento particular y evanescente— estar del otro lado de la moneda: educación secundaria pública; de pregrado regional y pública; y de postgrado pública. Lo del éxito estaremos de acuerdo en que es relativo (mayor dinero? mayor impacto? mayor status? más tickets de almuerzo, en fin, interpretable). Pero no quiero escribir desde la falacia, desde una falsa imagen de generalidad basada en antecedentes particulares. Muy individualista, por cierto.

Pero además de interesante, me parece irresponsable el relato (y si, dejé pasar la de Hidroaysen como paraíso turístico). Sería una irresponsabilidad de mi parte tratar un tema tan delicado como la educación y educación terciaria en este caso, de ese modo, más aun teniendo en consideración que es un tema que me interesa y me ha interesado incluso durante mi formación de pregrado, en la que en algún tiempo fui dirigente estudiantil, de esos que como se intenta mostrar en el artículo: “no cachan na”.

(Parto por hacer hincapié en este punto, ya que, de partida, las instituciones estatales y particulares con aporte, es decir, las del CRUCH, suelen dar espacio a entidades de representación estudiantil frecuentemente democráticas —teniendo presente su contribución a la sociedad, distinto a las fábricas de profesionales (leer “¿Son similares las universidades a las carnicerías?” de Patricio Meller)— y no parten por firmar, junto con el papeleo de matrícula, la cláusula de no-agrupación que algunas entidades privadas obligan a aceptar para poder ingresar. Punto a favor de las universidades del CRUCH desde el inicio. Intentar invalidar opiniones por el puro hecho de ser dirigente estudiantil, es un poco simplista).

En el artículo en cuestión se intentan validar algunas premisas que considero deben justificarse debidamente para no caer en falsos espejismos de una situación particular que le ha sucedido al escritor o al personaje ficticio que intenta mostrar al comienzo de su relato. No es suficiente un caso para definir una regla general. Por lo mismo, he elegido algunas de las premisas que me parece le hacen un flaco favor a lo que se considera como “la realidad”, en el artículo.

Por cierto y antes de comenzar, felicito al diario familiar™ por incluir opiniones de este ámbito importantísimo para la sociedad —más allá de su forma de abordarlo— llevando la preocupación más allá de los lucrativos publireportajes. También hablaré de publicidad en educación superior más adelante. Comencemos.

Premisa 0: “Universidades privadas han sido oportunidad para familias de bajos ingresos económicos pero con hijos inteligentes. Y que lo desmientan.”

Falso.

Rendir la PSU o PAA antiguamente, ha significado un dolor de cabeza para muchos, lo que va aumentando conforme bajamos en el nivel de formación al que han logrado acceder quienes la rinden. El deportista que se prepara suele aumentar sus probabilidades de éxito, esto también se aplica a los estudiantes que más se (nos) preparamos para rendir el examen.

Teniendo en consideración esto y también que las universidades no compiten por precio, sino por publicidad —insisto, leer artículo de universidades versus carnicerías— entenderemos cuál es la alternativa para el alumno que no tuvo el entrenamiento requerido para optar a una universidad tradicional (CRUCH). Conociendo la inaccesibilidad que presentan las universidades privadas por precio, la vía simple es tomar un crédito —espejismo del acceso— e ingresar en una institución de este tipo que no tenga el requisito de PSU. ¿Esto es una oportunidad?, ¿Importa más el mérito o la billetera?. Por cierto, sin entrenamiento ni condición física, una vez pasada la primera etapa —matrícula— podremos intuir cuál será el resultado de mayor exigencia que supondría el ingreso a la academia. Matricularse no es suficiente.

(Lo de la publicidad suele ser un tema que se deja de lado al momento de analizar la naturaleza de la elección, lo que abre la conversación acerca de cuanto puede influir en esta decisión y en el presupuesto de las instituciones el gasto realizado en este ítem, en donde por cierto el propio Diario La Prensa se lleva su trozo de torta).

Por otra parte, teniendo en consideración la relación inteligencia-calificaciones, podremos extrapolar que los “inteligentes” —mejor entrenados— lograrán mejores puntajes y aquí es de conocimiento general cuál es la elección de los mejores puntajes los que, si no se dejan llevar por la publicidad carnicera, ingresan a universidades tradicionales (universidades estatales y particulares con aporte del estado). Esto, sumado a múltiples beneficios estatales orientados a apoyar a estudiantes con menores recursos —orientados desde luego con el objetivo de fondo de ampliar la cobertura en sectores que no podían acceder a la educación superior— debiese de entregar una idea clara de dónde llegaría un hijo “inteligente” de familias de bajos ingresos. Ojo, que es la misma preocupación por el acceso ante la calidad también ha generado problemas relacionados con deserción.

Acerca de los hijos inteligentes o bien “buenos alumnos” —acepto que no es comparable inteligencia con indicadores en correlación directa, pero en el artículo se tratan indistintamente— ahondaré en la premisa 3.

Premisa 1: “Las universidades del consejo de rectores (CRUCH) se llevan toda la torta”

Casi, felizmente verdadero.

Cabe recordar en este punto qué motiva la formación del Consejo de Rectores y en qué momento de la vida del país se realiza. El CRUCH reúne a todas las universidades creadas con anterioridad a 1981, habiendo sido creado en la década del 50, vale decir, era la entidad de interlocución entre el estado y las universidades en una época en donde por cierto, muchos se educaron gratuitamente (intuyo que el autor de la columna también). Aquí el autor comete —presumiré inocencia y falta de información— el error de mezclar lo tradicional con lo estatal, lo que no deja ver la sutil pero profunda distinción de los dos tipos de instituciones que integran el Consejo de Rectores: universidades estatales (UCHILE, USACH, UTALCA, UVALPO, UNAP, UMAG, etc.) y universidades particulares con aportes del estado (PUC, UCM, UCSC, UTFSM, UDEC, etc.). Es sutil, pero muy profundo dado que suele pasarse por contrabando la idea de que todas las universidades del CRUCH son estatales, lo que es falso.

Aquí cabe preguntarse ¿quién si no el estado debiese preocuparse de las universidades estatales?. ¿Tendría que venir Argentina a preocuparse de las universidades estatales chilenas?.

Es absurdo que el estado no se preocupe de sus universidades, en las que designa integrantes de juntas directivas, valida rectores, controla, aprovecha integración con entidades públicas transfiriendo conocimiento, etc. De paso dejo la inquietud de la generación de conocimiento y fomento de las artes, dos ámbitos que con frecuencia no están presentes en las fábricas de profesionales. Y por si no fui claro: no sólo las instituciones estatales comen de esta torta.

Premisa 2: “Matricularse en una universidad del consejo de rectores implica encalillarse por años”

Falso.

Independiente de ser un ejemplo de esta falsedad —gracias a mis padres y su esfuerzo—, que caería en el error del escritor de intentar generalizar mi caso particular, las “calillas” se distribuyen tanto en universidades del CRUCH como en las privadas. Muy afin también al problema de la deserción.

Por cierto, las calillas siempre se endosan a quienes menos recursos tienen… Extraño aquí que el autor no haga referencia en ningún momento a los Centros de Formación Técnica o Institutos Profesionales.

Premisa 3: “Se requiere ser buen alumno y obtener buenos puntajes para optar a una universidad privada”

Falso.

Todas las universidades del CRUCH, por intermedio del DEMRE, exigen la Prueba de Selección Universitaria (PSU) para ingresar a las casas de estudio a la mayor parte de sus alumnos. Digo mayor parte ya que existen ingresos especiales tales como traslados de una institución a otra en donde no se requiere de la PSU para ingresar.

Por el contrario, las universidades privadas no tienen como regla general la exigencia de este requisito para ingresar. Si bien algunas de ellas tienen este requisito —en algunas más blandito que en otras—, recién este año se sumarán algunos planteles de educación superior al sistema del CRUCH (otras se restaron…), entre otras motivaciones, por el triste espectáculo al que se ha ido exponiendo cada proceso de postulación, donde inclusive hemos sido testigos de que ya vale más levantarse temprano que tener mérito académico y, en paralelo, vale más estar vivir en santiago que en regiones (orden de llegada)… Y si, en algunas instituciones es vox populi que vale más el telefonazo/influencia de papá.

Teniendo esto en consideración, sería más atingente el prejuicio de “no necesariamente hay que ser buen alumno para optar a una universidad privada”.

Premisa 4: “La Universidad del Desarrollo y de Los Andes no son cota mil”

Falso.

El concepto de Universidades Cota Mil, acuñado por el Sacerdote Jesuíta Felipe Berríos se da en un contexto. Primero el título del artículo en donde aparece el polemizado término parte titulándose “extranjeros en su país”, lo que además de dar la noción económica agrega la noción de distancia, en este caso, de “la realidad” de la que tanto se habla en el artículo en cuestión. Y claro, no es menos cierto que para aquel estudiante que piensa que lo más cercano a “la realidad” es su viaje a la playa durante vacaciones, evidencia la profunda distancia de aquella profunda “realidad” desconocida para quien no ha puesto un piso bajo Tobalaba (ojo, más arriba que el mítico marcador de desigualdad llamado Plaza Italia) alcanzando lo que en algún momento se señaló, a raíz de la misma columna del sacerdote, como que el “fenómeno puede ser indicativo de una peligrosa endogamia”. Mayor fundamentación se agrega más abajo en donde abordo el origen socio-económico.

Resentimiento no veo por ninguna parte. Para el lector diagonal quizá no haya resultado un tema de particular interés el abierto por el sacerdote, pero al menos convendremos en que puso el dedo en una llaga que muestra entre otros aspectos los de la más profunda desigualdad del país. Entiendo que desde una perspectiva —top-down— esto se vea como resentimiento, pero pongamos el foco en donde corresponde.

Premisa 5: “La Universidad del Desarrollo y de Los Andes aseguran el éxito profesional”

Falso (aunque hay algo de verdad en la premisa, dependiendo de lo que evaluemos como éxito profesional).

Falso ya que la obtención de un título profesional en la “realidad” no asegura nada (me refiero a que obtener un trozo de papel no implica nada, ni siquiera obtener empleo, aunque mejora probabilidades). Pero como señalaba, hay algo de realidad en la premisa aunque no por el título profesional en sí.

La generación de redes dentro de las propias instituciones privadas ha demostrado que para trabajadores de iguales carreras, los ingresos suelen ser más altos en este tipo de universidades que para aquellas universidades no-cota-mil. Seré más directo, las relaciones de poder forjadas dentro de las instituciones dan una proyección económica que no necesariamente implica proyección académica. ¿Qué consideramos como éxito profesional?, vuelvo a la pregunta de arriba ¿tener empleo?, ¿acceso a bienes?, ¿impactar en la sociedad?, ¿lograr el BMW?, ¿el millón de dólares antes de los 30?.

Este punto de las relaciones de poder suele verse incrementado con creces en estudios de post-grado y post-título en donde algunos van más por red que por la propia continuidad o actualización.

Premisa 6: “A la Universidad del Desarrollo y de Los Andes asiste la elite y los ricos de Chile”

Falso. No sólo asisten a estas dos instituciones.

Independiente de que debamos convenir en qué es o qué no es “la elite”, está demostrado que ambas instituciones están dentro de los 3 primeros lugares de ingreso de estudiantes que realizaron su enseñanza secundaria en establecimientos particulares pagados. Si ello no tiene relación con pertenecer al quintil de mayores ingresos del país, entonces felicitaciones por ser parte del caso particular de haber obtenido una beca también durante la educación secundaria. Doble chuza.

Cabe tener presente qué tipo de estudiante se matricula en estas instituciones. Si consideramos la matrícula de hijos de educación en colegios-no-municipales, el top 3 queda de esta forma
1° Universidad de Los Andes (privada): 98% (2% municipal)
2° Universidad Adolfo Ibañez (privada): 97% (3% municipal)
3° Universidad del Desarrollo (privada): 94% (6% municipal)

O son mis ojos, o no veo las puertas abiertas de par en par para estudiantes de condiciones socioeconómicas bajas (A.K.A. “pobres”). Para ponerle sazón al asunto, cabe preguntarse acerca del real espíritu cristiano de las dos instituciones confesionales y las oportunidades para quienes menos tienen. ¿Caridad?, ¿multiplicación de los dones?, ¿buen samaritano?.

A modo de comparación la universidad con mayor cantidad de estudiantes de colegios-no-municipales que pertenecen al CRUCH es la Pontificia Universidad Católica (particular con aporte, CRUCH) con 88% y 12% de estudiantes de colegios municipales.

Para saciar la curiosidad, en cuanto a alumnos de colegios municipales, la Universidad de Chile (estatal, CRUCH) tiene un 28% de alumnos municipalizados y la Universidad de Talca (estatal, CRUCH) un 47%. La Universidad Católica del Maule (part. con aporte) tiene el 50%, siendo la segunda que tiene mayor cantidad de alumnos de este origen luego de la Universidad de los Lagos con un 61%.

Si esto no es indicador de “lo que elige” un estudiante que no tuvo la billetera para pagar un colegio particular subvencionado o uno particular pagado, sigámonos guiando por la publicidad.

Premisa 7: “El dirigente estudiantil no conoce la realidad, emite juicios absurdos que afectan a modestas familias”.

Definamos qué es una modesta familia. Ha sido un error haber llegado hasta este punto del artículo sin abordar el tema de familias de “bajos ingresos”.

Una familia realmente modesta no puede ostentar tener un padre con doble titulación universitaria ya que por lo general una familia realmente modesta forma parte de aquél grupo en donde sus hijos serán parte de la primera generación que logre alcanzar la educación terciaria (actualmente 7 de cada 10 estudiantes lo son). Sería cauto incluso en decir que los padres de esta generación que accede por primera vez a la educación superior logró la enseñanza media de forma exitosa, por lo mismo, si hablamos de modestia, me parece verla más en ese caso.

(Aquí no desconozco el problema de la autointerpretación. Si caminamos por la calle preguntando “a qué clase cree usted que pertenece”, la respuesta será “clase media”. Por este tipo de interpretación personal, se prefiere conocer la condición socioeconómica e ingresos familiares para tener una vara que mida más allá de cómo nos vemos lo que desde luego se ve influido por una multitud de aspectos que se alejan del foco de este post. Sume los ingresos del grupo familiar y divídalos por la cantidad de integrantes).

En la eventualidad de no haber dejado de estudiar la enseñanza primaria o secundaria para salir a “ganarse los porotos” —conocimiento de “la realidad”— aquel estudiante pudo tener mayor probabilidad de acceso a la educación técnico-profesional en un Centro de Formación Técnica o Instituto Profesional, lo que imagino no fue de interés del autor analizar.

Yendo a los realmente modestos, del 10% de menores ingresos (decil más pobre), el 20% de ellos logra llegar a la educación superior (versus el 90% del decil de mayores ingresos).

Si me hablan de modestia, a ellos si los consideraría en ese grupo.

Premisa 8 “Ser de la elite de este país no tiene nada de malo”

Depende, hay de todo en la viña del señor. Aunque interesante perspectiva para quien dice no pertenecer a ella.

Yendo a los números, es cierto que más que nunca en su historia hoy tenemos estudiantes en educación superior. Los esfuerzos en cobertura (amplitud) han sido intensos dejando de lado en algún momento el tema de fondo de la calidad (profundidad). Más educados podrán tener mayor posibilidad de acceso a mejores empleos, mejores ingresos, mejor economía, mejores discusiones, en fin, mejores países y sociedades. Ahora, distinto es cuando las elites o ciertas partes de ella intentan que pocos se les homologuen en un absurdo temor de pérdida de poder o posición. Peor aun cuando las conversaciones pasan de “los estudiantes” a “carteras de estudiantes” o cuando el fin último no es el de entregar educación de calidad.

Premisa 9: “Existe asignación ecuánime de beneficios sólo por mérito académico/socio económico en instituciones privadas”

No es cierto.

Al ser instituciones privadas, los beneficios como becas de cualquier especie se distribuyen a discreción entre sus postulantes. Desconozco la cifra de evangélicos que han obtenido becas en la Universidad del Desarrollo o en la Universidad de los Andes, aunque podría presumir que no son muchos (de existir).

Ya los propios colegios privados de educación secundaria son un gran ejemplo de tolerancia y ecuanimidad para admitir estudiantes únicamente por sus resultados académicos. Qué decir de algunos hogares (orientado a alumnos de procedencia rural) que para postular primero piden certificado confesional. Yendo a lo extremo de estas situaciones, están en todo su derecho al ser instituciones privadas (pero no se muestren como públicas entonces!).

La garantía de las instituciones estatales —bendita laicidad mediante— y de asignación de fondos gubernamentales es que tales beneficios se entregan mediante postulación por mérito académico y/o situación socio-económica.

Premisa 10: “Eliminar el lucro implica privar de una buena educación y barata a hijos de gente modesta pero con críos inteligentes”

Falso.

Por cierto, no me parece razonable que este tema aparezca en el artículo siendo que en Chile no existen universidades con fines de lucro (?). ¿Es que en Chile hay universidades con fines de lucro?.

No es posible eliminar algo que por ley no existe.

Premisa 11: “Las soluciones pasan por que se vaya el ministro”.

Falso.

Varios ministros han salido de la cartera y el problema sigue ahí. Si veo en el artículo que “las soluciones pasan por”, intuyo que el escritor reconoce que hay un problema. El problema no se detendrá si los cerebros de los creativos de siempre miran el mundo a 4 años plazo. Peor aún si rectores lo ven a un año, en la perspectiva de pensar en recursos hoy.

Hay dos opciones, abrir la conversación a nivel de ciudadanía o bien manejarlo nuevamente entre 4 paredes como ya se hizo el gran 1981.

Premisa 12: “Si los h… volaran, pasaría nublado”

Falso.

Únicamente quintiles de mayores ingresos pueden acceder a tickets de avión… aunque gracias al sacrosanto acceso al crédito una familia de bajos ingresos podrá endeudarse por años para hacerlo.

Para finalizar, entiendo que por lo general este tipo de columnas, a las que ya nos tiene acostumbrados el diario del contador, tienen origen en lo emotivo-visceral, sin embargo y teniendo en consideración la “dimensión pública” del medio —privado por cierto— debiese de haber un trabajo de profundidad que el tema exige. No hablamos aquí de los paraguas de Merchak u otras trivialidades.

Entiendo que es una opinión en base a juicios personales y autobombo, pero en base a la misma interpretación, considero que no es suficiente, menos para un profesor que imagino reconoce el valor e importancia vital de la educación en la sociedad y menos para un periodista por la calidad investigativa.

Tal como una golondrina no hace verano, un caso particular es solo eso, una particularidad.

Enlaces relacionados
Educación superior en chile 1980-2003 (PDF)
Matrícula de Pregrado 2009 de Educación Superior (PDF)
¿Son similares las universidades a las carnicerías?

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