El problema de la alianza.

Ayer en la noche vi un poco de CNN Chile. Sigue repitiendo todo. Vi una entrevista inofensiva al Ex General Vega, quien en el típico tonito soberbio respondía a su “Tocayo” a la vieja usanza. No es necesario ser soberbio para ser honesto y, desde luego, la verdad no debe ser usada como inicio a la soberbia. Sumado a esto, me pareció interesante como ha visto esto la Alianza.

Lejos de tomar parte en las antiguas defensas corporativas, se fue en picada ante el genérico de “presidentes DC” ya que ahí se habrían realizado las compras -como ir al mall- y Piñera expone sin mojarse el potito que “hay gente que cree que…” el dinero fue usado para la campaña de Frei hijo. Puedo tener el juicio que sea respecto a ese punto, pero lo que me parece digno de apuntar con el dedo es ¿Pero aquí el que había que atacar no era Lagos? Ajá!, el punto entonces no es Lagos después de todo: es cualquiera que se atreva a competirle a Piñera.

En su momento, intentaron demostrar a Ricardo Lagos como el símbolo de la corrupción, de las coimas, robos aumento de la delincuencia y cuanta variable pueda significar un aumento de votos desde el segmento indeciso hacia su lado. No obstante, ya nadie recuerda a Lagos. Ha desaparecido. Ya parece que no es tan malo. El TranSantiago ya no es tema tampoco, ya que quien podría ser atacado por ese tema, ya no está en competencia: el responsable político del diseño… Queda una responsable política aun: la responsable de la implementación.

El problema de la alianza es que no puede atacar a Bachelet. Ciertamente la historia hará el juicio de su gobierno, no obstante cabe la opción de pensar en que ha sido uno de los peores de la concertación (permítanme pensarlo). La alianza a pesar de saberlo, es tan penca, pero tan penca, que ni siquiera es capaz de tomar de forma responsable su rol de “oposición” ya que el respaldo de la ciudadanía hacia ella haría prácticamente que botaran la candidatura de Piñera a la basura.

Pensar siquiera en tocar con el pétalo de una rosa a quien tiene los mayores índices de aprobación durante todo su mandato es sencillamente un suicidio político. Pero está bien. Asumimos que ya no representan a nada más que a ustedes mismos. Entendemos que el punto aquí no es un o una presidente o presidenta que haga de Chile un mejor país, sino algo más pedestre que eso: la reelección.

Sigamos apreciando en los medios de comunicación de masas las más “valientes” y “defensoras” declaraciones de una tropa de tíos que no quiere más que seguir tirando la teta.

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El fetiche de la muerte, la brecha en el dolor

En un accidente de tránsito han muerto 9 estudiantes que viajaban en gira de estudios en 2do año de educación media –de 15 y 16 años de edad – lo que desde luego tiene sumidos en un gran dolor a sus familias y a la comunidad del colegio. Ciertamente toda muerte trae dolor, lo que podríamos interpretarlo como natural. Es lamentable ya que también son jóvenes que tenían toda una vida por delante. Respeto el dolor y duelo de las familias y los amigos de ellas.

El fetiche de la muerte, aparece cuando los medios de comunicación de masas en vista de obtener sintonía utilizan la muerte para beneficio propio, contagiando de un sentimiento de dolor a la ciudadanía del país completo, para seguir con el circulo de la sintonía-dolor. Con la paradoja de sintonía-deseo se justifica el “quieren saber”. De este modo móviles, periodistas y cámaras invaden el dolor y el colegio en donde se realizan los rituales finales. Probablemente, esto se traduzca como una nueva invasión a los cementerios mañana durante los funerales, los que al igual que los de Bernales, serán una excusa para lograr sintonía en base al fetiche de la muerte.

Es interesante analizar la reacción de los representantes a nivel país, aunque sea idealista a esta hora, Santiago no es Chile. La ministra de educación toma el primer vuelo al norte del país. Michelle envía mensajes a través de los medios hacia las familias y expresa a través de la orgánica estatal relacionada, todo el apoyo en gestiones, desde Servicio Médico Legal hasta transporte en aviones del las fuerzas armadas. Pienso en esas otras familias que han tenido dolor, pero no vivieron en Santiago ni fueron parte de una familia acomodada o de una cumbre alta. Pienso sin ir más lejos, en la preocupación de la ministra de educación o de Michelle, ante la caída de un pasillo con estudiantes sobre él, en un colegio del mismísimo Santiago. Nula preocupación. La brecha llega incluso al dolor. No es cualquier colegio, no son cualquier familia. En un país en donde las decisiones y el futuro nacional se maneja entre unos pocos colegios de la capital, las expresiones de buena crianza y solidaridad en momentos como estos, nunca serán suficientes.

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