Cómo baipasearse cinco comunas

Este lunes 2 de noviembre se realizó una sesión de Participación Ciudadana en contexto de Estudio de Impacto Ambiental del Servicio de Evaluación Ambiental (SEA) –encabezada por su director regional– por el hiper plus ultra mega proyecto Bypass Curicó. Hace algún tiempo venía siguiendo esto y supuse que “el mandante”, la autopista actual, habría hecho la tarea de “sensibilización” en las comunidades acerca de los inmensos, enormes, colosales, ingentes beneficios, progresos y desarrollo que una obra de estas características traería… según el paradigma proauto. Porque entenderemos que esta genial idea que romperá el agro en cinco comunas –Curicó, Teno, Molina, Sagrada Familia y aunque persistan en bajarle el nivel de impacto, Rauco– no causa la alegría descollante que muchos esperarían: vi precisamente lo contrario.

Admito que tenía un par de ideas para presentar, pero dada la sensación ambiente, preferí atender las distintas ideas en curso. El hecho, tal como una cebolla, tiene distintos niveles analizables. De partida, esto que le llaman participación ciudadana, fue realizado a metros de la curva rebautizada como La Curva de la Muerte. A línea vista de donde los vecinos han tenido que tomarse el camino para evidenciar -nuevamente- que los oficios y papeles no funcionan en estos tiempos imagocráticos. En efecto, allí en una escuela pública con vereda incompleta e inexistente, sin barrera de contención ni faroles de detención, sin lomo de toro afuera ni paso de cebra marcado, sin reductores de velocidad, allí donde Vialidad, Serviu y Municipalidad desplegan todo su potencial de acción en cada jornada. Allí se discutía este proyecto de miles de millones, frente a una pista que no puede tener ni eje divisorio pintado, en la intersección de la J-580 con la J-60, la tercera en siniestralidad vial de la región Top-2 en muertes en Siniestros Viales en Chile.
Si hasta aquí no era suficientemente ofensivo para la comunidad afectada, prosigamos entonces.

Digo que preferí observar, porque en esa cebolla multicapa, al final me parece que fue una nueva función del teatro de lo público, del guion de final conocido, por más sinceros que hayan sido los vecinos del sector en sus consultas y opiniones.

Acercándose a las 3 horas de duración, fue notable constatar que la participación real de la ciudadanía, al menos en la sesión, debió esperar a la extensa contextualización del SEA para luego continuar con la extensa exposición del diseño de ingeniería de la consultora que debe salir a dar la cara por una autopista y un ministerio –MOP– que brillaba en su ausencia. Así motivamos la participación en hora de once.
No es que me haya querido restar de las opiniones, pero no vi toma de actas, grabación o transmisión en vivo, menos una oportunidad real de, por último, confrontar algo en su origen, porque las decisiones tomadas en otras latitudes requieren del mismo método original para retrotraerlas. Quae sunt quod praeteriit facite, que le llaman en el barrio.
Y entenderemos que ese origen no fue camino a Rauco. Menos en una escuela que no puede tener ni el paso cebra que templos si pueden tener a mitad cuadra, impecables, en pleno centro de Curicó. Las opiniones por más reales y fundamentadas que vi, servirían de poco frente al procedimiento en curso.

Lista de asistencia, medios de verificación y el check cumplido para proseguir en la siguiente estación: Viluco.
Digamos lo indecible: no será un formulario el que cambie algo, menos en una votación de supuestamente uno versus ocho o diez seremis talquinos que bailarán gustosos el ritmo del auto en aquella instancia tan, tan… técnica.

¿Alguien sabe el origen de esta decisión? ¿Fue un senador pyme motivado que presionó a MOP?
Qué importa: si quieren alegar llenen el formulario para procesarlo.
Esa parece ser la mejor respuesta burocrática luego de enterarse cómo desde alguna oficina –¿o persona?– decidieron que esto es lo mejor para aquellas comunas y poblados que deberán cambiar de vida por este deseo.
Tal como en el próximo Eje Vial Diego Portales: sepan disculpar pero la expropiación se viene.
Y si se viene, ¿qué sentido tiene todo este teatro de participación ciudadana?
No me malentiendan, no digo que esto no pueda cambiar ni merezca el esfuerzo de hacerlo, pero no sería en esta ocasión ni en este nivel. Punto destacado respecto de esto fue la consulta de un vecino que preguntó al ingeniero si “ir a La Moneda” podría cambiar algo: no, dijo el colega. Notable su audacia “técnica”.
Cómo no recordar la escena de bombita frente al mostrador.

La consultora de la empresa no tuvo todas las respuestas. Lo suyo no era la orientación al servicio ni intentar lograr adhesión, quizá en la convicción y autoconfianza de que el proyecto irá igual, siendo esto de las participaciones un check más por lograr, ingrato, pero check al fin. Algunas respuestas fueron bien dudosas. Otras preguntas no estaban previstas. Varias excedían el conocimiento territorial de la empresa frente al de gente nacida y criada en el sector. Otras respuestas -como la de bombita frente al mostrador- es mejor ni recordarlas.
A propósito. Me pasó algo similar a lo que me pasó también al ver reacondicionar a Morales, de la Cerda, Saavedra o Tapia como candidatos senior: sentí que era innecesario exponer a un adulto mayor a esto de defender algo rayano en la ofensa comunitaria, por mucha capacidad técnica y conocimiento ancestral vial que tuviera el colega, mientras los reales deseosos motivadores del cambio deben haber estado tomando algo rico en algún lugar de Provicondechea en clave la vida que nos merecemos. No hay para qué someter a estos disgustos a adultos mayores, lejos de casa, tarde-noche, ya frágiles, menos tener que cargar con tal peso de conciencia.
Desconozco por qué el colega –exgerente técnico en Ruta del Maipo, también con pasado en InterVial– se expone a hacer pasar esto como una decisión técnica cuando es evidente que es una decisión política. Porque si fuese su interés el mitigar impacto, ante la supuesta necesidad –falaz– de nuevas pistas, mejor sería sumar pistas en el espacio ya existente de desmadre, ese que es Top-1 en muertes a nivel regional: la autopista. Ese era el gran argumento en la sesión, no el bloqueo por siniestros viales ni el Chile partido en dos.

Si quisieramos redundancia, como ya expusimos latamente en Una Ciudad Ciclista, los puentes sobre el Guaiquillo, la caletera o completar la ruta de la Costa serían bastante más eficientes en tiempo y dinero que salir a meter retro por cuatro comunas intentando modificar un contrato de concesión. Porque entenderemos que este bypass conceptual no será sólo a los miles de vecinos presentes y futuros de las comunas afectadas que no han tenido opción a decir “no”, sino también a varios proyectos que deberán tomar el carril usual de la mesa de poker regional frente a este proyecto de carácter especial. Esto excede los RS, los BIP, FNDR y Cores.

Visto así el asunto, no tiene sentido cuestionarse el diseño en si, o por qué MOP no contempla arreglar el pésimo puente o la misma curva que ya no tiene espacio para más impactos y muertes. Menos cuestionarse las mitigaciones o preguntar por donde irá la obvia ciclovía para acoger el medio usual en aquel barrio. Antes de cualquier conversación -incluso de SEA- está la explicación pendiente, la real, acerca del origen de la decisión, de las raíces de pensamiento tras ellas, la definición de ruta por poniente y no por oriente, los supuestos números estimados de crecimiento vehicular frente a electromovilidad emergente y la lista de congresistas siempre tan atentos a que no se pasen a una región entera por el aro.

Es cierto, esto tendrá impacto económico para la ciudad, ya que no es inocuo “saltarse” una ciudad como si no existiese. Podríamos viajar en una máquina del tiempo a hacer una encuesta en 1943 a ver qué les parecería a nuestros pasados vecinos el construir una carretera lo más alejada de la ciudad. Se verán miles de metros cuadrados cultivables afectados. Cambiarán las costumbres de miles de ciudadanas y ciudadanos en cada comunidad. Llevarán el riesgo de la actual autopista a sectores que, ya siendo riesgosos, verán incrementada su probabilidad de morir en ruta. Establecerán una nueva propuesta de veneración del dios automóvil, amplia, lisa, invitando a la velocidad y riesgo, ese que luego en cada fin de semana largo dirán que es responsabilidad individual.
Impactarán en flora y fauna en borde del río y campos, además de los choques de aves en sus pantallas reductoras de ruido. Segregarán el espacio en base a un esquema de cobros donde posiblemente ni los vecinos puedan tener uso abierto de un camino que cambiará sus vidas. Y todo esto, antes siquiera de pensar en “las dos casas, par de bodegas y cinco árboles” que señalaba el colega como impacto de su lujo “técnico”. En fin, no nos desconcentremos: no tiene sentido meter la cabeza en esta tina sin antes establecer responsabilidades previo a la primera carretilla de cemento de un proyecto que ni tiene el ok de diseño.

Vi a la concejala Bravo y al concejal Sanz. A enviados de VLN y Condell durante toda la sesión. El alcalde Saavedra no estuvo, quizá estaba preocupado eligiendo la platería del banquete o los mejores manteles dorados, como Anna reabriendo el castillo en Frozen. Otro caracol que se le escapó en sus fabulosos 15 (días).
Diputados frunciendo el ceño como en insta: cero.
Senadores desplegados: cero.
Seremis invisibles: cero.

Serán ahora los vecinos quienes deban enfrentar este problema de 30 kilómetros de largo concretable a 2030 y no sus diputados o senadores, algunos que como entenderemos hasta se deben haber alegrado de la propuesta, como diría un par “la gran oportunidad para desarrollar el Maule”.



El tiempo está en contra y los formularios válidamente tomarán la forma del lapsus comentado por la expositora: “un lulo”

Así las cosas, como diría una exgobernadora intentando evitando lo inevitable: no es necesario tomarse la carretera para lograr algo. Tampoco esta vez.

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