Del Maule al Vaticano

“No sería completa esta nota si omitiera lo que, a mi parecer, ha podido contribuir durante años a que en ciertos ambientes ideológicos, tanto en el mundo eclesial como en el civil, la persona del Padre Karadima no goce de ninguna o muy poca estima. Son grupos en Chile muy poderosos, que dominan magistralmente la opinión pública, ligados a la izquierda política o a la masonería, que manejan gran parte de la prensa y han penetrado de modo significativo, entre otros, el poder judicial. Para ellos el ataque a la persona y a la obra del Padre Fernando Karadima ha sido una oportunidad excepcional para desacreditar a la Iglesia y quitarle toda autoridad en materias de moral que ya estando con fuerza en la discusión pública de nuestra patria.
Confiando su delicado servicio al Señor y a su Madre Santísima, le saludo Affmo y le ofrezco mi oración por sus intenciones”

Carta de Horacio Valenzuela Abarca, Obispo de Talca intercediendo por Fernando Karadima.

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Memento mori

Chile conoce a Karadima. A pesar de no haber pronunciado palabra durante estos días, emerge de todo esto una particular forma de ver el asunto, la que me sigue sorprendiendo. Podrá ser cierto/falso el asunto de fondo que pudimos ver en el reportaje de Informe Especial, tendrá que determinarse luego de las típicas investigaciones y procedimientos occidentales que intentan develar “una verdad” para el asunto, por lo que quiero llevarlos a un tema que pensé que teníamos resuelto. Y hace tiempo.

En el reporte, aparece como cercanos al cura se violentan y ofuscan cuando ven una cámara acercándose –ok, cada uno reacciona como quiere– pero a pesar de el inmenso cariño, alta estima o credibilidad que haya logrado en la feligresía –aceptemos que están entrenados para lograr este objetivo– me asombra el nivel de ceguera y sordera al que puede llegar el ser humano en pos de creer.

Recuerda que eres mortal
Puede sonar brutalmente básico, pero los mortales debemos responder por nuestros actos. De ser actos que no respetan la ley, deberá procederse a través de los canales encargados de la justicia. Asumo, como se puede colegir de lo anterior, que tanto curas como monjas son humanos antes que todo y, a pesar de que esto parece ser brutalmente básico también, me parece que puede ser uno de los motivos por los cuales la veneración surge. Una sotana o un hábito no hace al monje o monja, sino una entrega real hacia un fin superior, supremo, trascendente. Ser célibe tampoco asegura el logro de convertirse en una reserva espiritual.

“Fíjese, es que ha sido tan bueno”
Yo a lo más podré ser un hombre bueno. Ellos podrán ser santos. Esto no quiere decir que yo o ellos lo seamos. Somos humanos y como tales debiesen responder ante la justicia. Por más buenas que sean sus obras, tampoco justifica o evade del dominio de la justicia o cumplimiento de normas establecidas. El Hogar del Buen Samaritano debe cumplir con la normativa laboral. El Hogar de Cristo tambien. De hecho, el creer ciegamente tampoco justifica la violencia por parte de sus cercanos que, más que aportar, entorpece el camino hacia la justicia. Fanatismo le llaman.

Miedos de medios
Punto aparte –again– merecen nuestros nuevos diarios oficiales. Me parece haber visto esto antes pero a nivel pequeñ. Tuvo que aparecer ni más ni menos que en The New York Times para ser noticia en Chile. ¿Qué tal?. En este caso, mis felicitaciones a Informe Especial que encontró el modo de transmitir el reportaje pese a las presiones, cojones que le faltaron a Contacto cuando quiso transmitir la investigación de la Cámara de Diputados que aun esperamos.

Esto se pudo observar desde luego durante la visita digna de Ripley que hizo Bertone, con acusaciones viralizando país por país, lo que, desde luego, nuestros medios no cubrieron, mostrando así un ombligismo grotesco o bien una conveniente “mesura”.

Podremos creer en lo que queramos. Podremos tener la religión que deseemos y asumir sus postulados, pero ello no da pie a que en tal contexto las ovejas o los pastores tengan manga ancha para satisfacer sus personales intereses de ser reñidos con el marco legal –moral previo, desde luego– en el territorio en que se encuentren.

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