Concejales viajeros: el retorno del dragón

La Región del Maule está formada por 30 comunas, en donde las dos comunas con mayor cantidad de habitantes son Talca y Curicó. Esto es bien sabido por cualquier senador, entendiendo que la redefinición de circunscripción así lo definió, bajo su aprobación, por cierto. A la par, el nuevo Distrito 17, está conformado según la nueva ley por las comunas de Constitución, Curepto, Curicó, Empedrado, Hualañé, Licantén, Maule, Molina, Pelarco, Pencahue, Rauco, Río Claro, Romeral, Sagrada Familia, San Clemente, San Rafael, Talca, Teno y Vichuquén, donde Curicó y Talca tienen mayor cantidad de población, vale decir, la mayor cantidad de potenciales votantes. Esto es sabido por cualquier diputado, ya que también contó con su voto.
En octubre habrá elecciones de senadores y diputados, también en nuestra región y es ahí en donde se desarrolla esta historia.
La plataforma sobre la que se erige el sistema piramidal de representación comienza en los propios concejales y alcaldes, que en su momento contaron con el apoyo de representantes, diputados y senadores para reelegirse, ya que en el “hoy por ti y mañana por mí” vendría la elección siguiente en unos meses más.

Existe temor ante una baja sostenida de participación, donde cualquier desaguisado podría cambiar un resultado totalmente predecible.
Y si hay un temor en un representante, es de dejar de serlo.

Desde ayer en la tarde trascendió el veredicto de la Corte de Apelaciones de Talca, quienes en fallo dividido desestimaron la sentencia entregada en la instancia judicial anterior. Recordemos que el fallo, en lo profundo, cuestiona a todo un periodo de Concejo Municipal de Curicó (2012 – 2016), fundamentalmente en lo que se ha venido a denominar como Caso de Concejales Viajeros. En esta serie por capítulos, nos fuimos enterando del juego del cuoteo de viajes, de rendiciones pendientes, de mentiras comprobadas, de falsificación de documentos, de complicidad activa y pasiva y por cierto, de una comunidad a la que no le importa mucho volver a reelegir en tan bello marco a quienes no tienen mayor problema o pudor por volver a poner su nombre en un voto. Pero bien, ya pasó esa larga etapa en donde la Fiscalía también puso su firma, cambiando fiscales ya que según dijeron, la carga laboral era demasiado intensa. Tanto, como para avanzar en semanas lo que no pudieron concretar en años.

Pero volvamos al resultado en Corte de Apelaciones. Revisando en post anteriores, en marzo de 2016 incluimos un análisis de escenario en la columna ¿Y si llegamos a un acuerdo? . Decía más o menos así:

“Caben 3 opciones para los formalizados: Ganar (logran llegar a un acuerdo, o bien la justicia decide que aquí está todo ok y no hay que seguir adelante), Perder (los demandantes logran que la justicia de un veredicto favorable) y dilatar, que sería como una suerte de empate. Sin embargo, los 3 escenarios son de pérdida, veamos: Ganan, la ciudadanía considerará que hubo arreglo; Pierden, evidente, pérdida; dilatan, pérdida de opción a reelección.”

Estamos en algo que se parece al primer escenario, donde la justicia ha decidido que todo está ok. Si, mejor dicho, si pero. El pero podemos dividirlo en dos líneas, la primera es la de un fallo que no es unánime, vale decir, las posturas en contra del fallo también dejan consignada la divergencia en el criterio. La segunda, es la del escenario, donde de todos modos hay pérdida dado que se considera que hubo arreglo. Esta opción toma fuerza cuando se mira con distancia el caso y se observa la temporalidad de ambas líneas de tiempo, la del caso y la de elecciones, en particular, elecciones municipales. Eso, hacia el pasado. Mirando hacia el futuro y teniendo en consideración la necesidad de mantener todo lo más perfectamente quieto de aquí a octubre y con foco en lo realmente importante -mantener el rol de representantes- parece una interesante coincidencia temporal la de demorar a penas unas semanas y emitir un fallo. Es cierto, quizá sea sólo una coincidencia, doble en este caso. Sería sencillamente impresentable que un poder presionara a otro poder en nuestra república, o que se intentara resolver “de forma razonable” un caso en vista de la presión de uno u otro caudillo local. Sería impresentable, es cierto. La justicia no tiene espacio para cocinas como las del poder del frente, o eso es lo que todos esperaríamos. Los Master Chef no tienen espacio aquí.

Como ya hemos visto, la ética se mueve en ámbitos superiores que los de la legalidad. Podrá ser interpretado como sencillas “irregularidades” por parte de la justicia el mentir y falsificar documentación, todo en el contexto del uso de recursos fiscales por cierto. Es por eso que quienes pensamos que los representantes deben tener un actuar ejemplar, no deberíamos tener dudas de la altura de la exigencia, por el contrario, tendremos que mantener la línea, de modo de cambiar representantes que sí estén a la altura de lo que significa representar.

Ojalá se prosiga en la siguiente fase, la Corte Suprema. Que el caso salga del contexto maulino para analizar el caso a distancia suficiente. Mientras, mantengámonos atentos a las líneas de tiempo, esas que de tanta coincidencia podrían llegar a ser peligrosamente una en el Maule.

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