¿Tecnología definiendo la elección?

El competidor ofende, agrede, violenta, hostiga, discrimina, pero aún así sigue con leve diferencia de la casi obvia ganadora de la presidencia de Estados Unidos. El ahora Talón de Aquiles de Hillary Clinton persiste como música de fondo. El pequeño detalle es la acusación permanente, a modo de mantra, acerca de sus correos electrónicos. A horas de la elección, sigue siendo una piedra en el zapato que además de mosquearla en preguntas a este tiempo innecesarias —moviendo incluso al FBI— nos lleva a distanciarnos un poco del asunto para darle más perspectiva. Recordar el nombre de este blog.

Transformación clave en el siglo XX: el correo
El correo electrónico es una de las herramientas que primero nos acercaron a algo que hoy vemos como natural y obvio, que fue comunicarnos sin intermediario de forma —casi— instantánea y—casi— secreta. Además de medrar gradualmente el negocio de la distribución de cartas y correspondencia—cuándo les volvió a llegar una carta realmente personal por correo?— golpeando a toda una industria, requirió de cambio de prácticas esenciales, más allá de la necesidad de ser escrita ya no a mano ni tener que ir a dejar un papel a algún lugar. Fue uno de los cambios notables de en la comunicación humana del siglo XX. Ese cambio es el que ahora está por impactar en una elección presidencial.

El dramón, de qué se trata
La acusación es relativamente sencilla: Hillary Clinton envió/recibió correos por una cuenta no-institucional cuando debió hacerlo por una cuenta institucional, más específico, información gubernamental debe mantenerse o enviarse a través de cuentas de correo gubernamentales (regla del Departamento de Estado). Bueno, quizá un poco más profundo que eso, no habría validado su cuenta @state.gov y asignó cuentas para sus colaboradores cercanos en el servidor del sótano de su casa en Chappaqua, Nueva York. Y bueno, también, el Departamento de Estado le había dicho que utilizar BlackBerry suponía riesgo. Va creciendo la piedra en el zapato.

La reacción de Clinton
Clinton lo aceptó —dijo que por conveniencia de no tener más de una cuenta/dispositivos— y, jugada siguiente, solicitó que todos sus correos se hicieran públicos (si, resumí bastante la historia que al inicio fue entrega a cuentagotas de correos y algo de dilación, seguida de escenas de acusación, declaraciones y tal). Esto, ya que en la investigación mientras se analizaba el contenido del material, se fue dando la categoría de “clasificado” a varios de los correos por tratarse de temas de afectaban de alguna forma a la seguridad nacional (ataques aéreos, espionaje, etc.). Desde luego se abren todas las preguntas prácticas como quién analiza sus correos, vale decir, si usted lector le revisa el correo electrónico a cualquier Persona Políticamente Expuesta (PEP) tendería a calificar lo que lee con un rango igual o cercano a confidencial. Por su parte, Wikileaks ya hizo lo suyo.

Hace algunos minutos, luego de reabrir la investigación, desde el FBI persisten en su primera conclusión: “Based on our review, we have not changed our conclusions that we expressed in July with respect to Secretary Clinton”.

Qué nos queda
You are not a gadget, nos dice Jaron Lanier, que recalca por una parte la persona en el contexto de la sociedad de la información y del conocimiento, junto con los desafíos éticos siempre abiertos en terrenos de borde y ahora estamos frente a uno de ellos. ¿Cómo estamos siendo los humanos en este proceso de intentar adaptarnos?, eso desde varios niveles de zoom-out sobre todo de esta escena. Acercándonos más al tema, ¿cuál casilla debió usar Hillary Clinton?, ¿debía tener control total sobre su correspondencia no-personal o mejor dicho, gubernamental?, ¿cuántos de nosotros o de nuestros representantes tienen servers de correos en sus sótanos?, ¿la ciudadanía es consiente del asunto como problema?, ¿un PEP tiene noción de necesidad de adaptación a este nuevo contexto?. ¿Cómo las tecnologías de la información y comunicaciones pueden llegar a impactar en la definición del presidente de un país?

A mi juicio además del asunto netamente legal ya grave por si solo, hay un tema más profundo de parte del votante en torno a la pregunta que ya viene siendo un clásico para quienes hayan leído algún post por aquí: ¿cuánta evidencia requerimos para aceptar como verdadera una afirmación en internet?. La primera afecta directamente a Hillary, la segunda a una comunidad, sobre todo de detractores suyos o de la elección y métodos políticos en general. Esa primera pregunta es importante pero siempre lleva enlazada la segunda que quizá también tengamos que ir develando mientras esto evoluciona (esto en cuanto a tecnología en permanente cambio, no a la elección en si) y que es un poco más antigua que todo esto: ¿cuánto se requiere para aceptar -ciudadanía, votantes, familia, amigos, cercanos, etc- y seguir adelante luego de un hecho de estas características una vez que se acepta o enmienda la situación?.

Y todo esto, por unos correos electrónicos en un servidor instalado en un sótano. En el mundo de los if, nada de esto habría pasado.

Imagen. Tremenda foto de Kevin Lamarque que se convertiría en un ícono, de la usuaria con su dispositivo.

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Marcelo Aliaga

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